lunes, 10 de julio de 2017

SEMANA DEL 10 AL 16 DE JULIO 2017

DOMINGO 16


Cómo ayudar a los hijos de “los residentes forasteros”

“No tengo mayor causa de sentir agradecimiento que estas cosas: que oiga yo que mis hijos siguen andando en la verdad” (3 JUAN 4).

1, 2. a) ¿A qué problema se enfrentan muchos hijos de inmigrantes? b) ¿Qué preguntas contestaremos en este artículo?
“MIS padres eran inmigrantes, y desde pequeño yo hablaba su idioma en casa y en la congregación —cuenta Joshua—. Pero, cuando comencé a ir a la escuela, empezó a gustarme más hablar en el idioma local. Después de unos años, el cambio fue completo: no entendía las reuniones y no me identificaba con la cultura de mis padres”. Su caso no es infrecuente.
Más de 240 millones de personas no viven hoy en su país de origen. Si usted es inmigrante, ¿cómo puede asegurarse de que sus hijos tengan la mejor oportunidad de ser buenos cristianos que sigan “andando en la verdad”? (3 Juan 4). ¿Cómo pueden ayudar los demás?

PADRES, DEN UN BUEN EJEMPLO

3, 4. a) ¿Qué buen ejemplo pueden dar los padres a sus hijos? b) ¿Qué no deben esperar los padres que hagan sus hijos?
Padres, su ejemplo es decisivo para que sus hijos den los primeros pasos en el camino a la vida eterna. Cuando ellos los ven poner el Reino en primer lugar, aprenden a confiar en que Jehová les dará lo necesario todos los días (Mat. 6:33, 34). Lleven una vida sencilla. Sacrifiquen las cosas materiales a fin de obtener bendiciones espirituales, no al revés. Hagan lo posible para no endeudarse. Procuren conseguir un “tesoro en el cielo”, es decir, la aprobación de Jehová, y no riquezas o “la gloria de los hombres” (lea Marcos 10:21, 22; Juan 12:43).
Aunque estén muy ocupados, saquen tiempo para estar con sus hijos. Cuando ellos decidan poner en primer lugar a Jehová en vez del prestigio o el dinero, ya sea para sí mismos o para ustedes, díganles que se sienten orgullosos. La idea de que los hijos tienen la obligación de darles a sus padres una vida cómoda no es bíblica y debe rechazarse. Recuerden que “los hijos no deben ahorrar para los padres, sino los padres para los hijos” (2 Cor. 12:14).

(Marcos 10:21, 22) Y mirándolo, Jesús sintió amor por él, y le dijo: “Una cosa falta en cuanto a ti: Ve, vende las cosas que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven, sé mi seguidor”. 22 Mas él se entristeció por el dicho, y se fue contristado, porque tenía muchas posesiones.


(Juan 12:43) porque amaban la gloria de los hombres más que la misma gloria de Dios.

PADRES, SUPEREN LA BARRERA DEL IDIOMA
5. ¿Por qué deben los padres hablar a sus hijos sobre Jehová?
Como se predijo, personas “de todos los lenguajes de las naciones” se están uniendo a la organización de Dios (Zac. 8:23). Pero el idioma puede ser una barrera que dificulte que los padres les enseñen la verdad a sus hijos. Ellos son los estudiantes más importantes que jamás tendrán, y su vida eterna depende de que lleguen a conocer a Jehová (Juan 17:3). Por eso, los padres deben aprovechar toda oportunidad para hablarles de las enseñanzas de Dios (lea Deuteronomio 6:6, 7).

(Deuteronomio 6:6, 7) Y estas palabras que te estoy mandando hoy tienen que resultar estar sobre tu corazón; 7 y tienes que inculcarlas en tu hijo y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes.


6. ¿Cómo puede beneficiar a los hijos aprender el idioma de los padres? (Vea la foto del principio).
Es muy probable que los hijos aprendan el idioma local en la escuela y en su entorno, pero el idioma materno lo aprenden principalmente hablándolo con frecuencia con los padres. El que los hijos hablen el idioma de sus padres tiene ventajas. Además de facilitar conversaciones francas con ellos, ser bilingües estimula la mente y la capacidad de relacionarse con otros. También les ofrece oportunidades de ampliar su predicación. Carolina, hija de inmigrantes, dice: “Estar en una congregación de habla extranjera ha sido divertido. Y me encanta ayudar donde hay más necesidad”.
7. ¿Qué puede hacer si el idioma es una barrera en su familia?
Ahora bien, conforme asimilan la cultura y el idioma locales, algunos hijos de inmigrantes pierden el deseo e incluso la capacidad de comunicarse en el idioma de sus padres. Si a sus hijos les pasa esto, ¿pueden ustedes aprender algo del idioma del país? Les será mucho más fácil enseñarles los valores cristianos si comprenden lo que dicen sus hijos, con qué se divierten y sus tareas escolares, y si pueden comunicarse directamente con sus maestros. Es cierto que se necesita tiempo, esfuerzo y humildad para aprender un idioma. Pero ¿no es verdad que aprenderían lenguaje de señas si uno de sus hijos se quedara sordo? ¿No merece un esfuerzo parecido un hijo que habla un idioma distinto al de sus padres?*

Nota

Vea el artículo “Usted puede aprender otro idioma”, de ¡Despertad! de marzo de 2007, páginas 10 a 12.
8. ¿Cómo puede ayudar a sus hijos si no habla bien su idioma?
Seamos realistas: a algunos padres tal vez no les sea posible hablar con fluidez el nuevo idioma de sus hijos. La barrera que se levanta quizá les dificulte enseñarles “los santos escritos” (2 Tim. 3:15). Aunque eso ocurra, los padres pueden ayudarlos a conocer y amar a Jehová. Un anciano llamado Shan recuerda: “Mamá, que nos crió sola, no dominaba el idioma que entendíamos mejor mis hermanas y yo, y nosotros no hablábamos muy bien el suyo. Pero verla estudiar, orar y esforzarse todo lo posible para dirigir semanalmente la adoración en familia nos hizo comprender que era muy importante llegar a conocer a Jehová”.
9. ¿Cómo pueden ayudar los padres a los hijos que tengan que aprender de Jehová en dos idiomas?
Puede que algunos hijos tengan que aprender de Jehová en dos idiomas: el de la escuela y el de su casa. Para ello, algunos padres usan publicaciones, grabaciones y videos en ambos idiomas. Está claro que los padres inmigrantes deben dedicar más tiempo y tener más iniciativa a fin de ayudar a sus hijos a tener una estrecha amistad con Jehová.

A QUÉ CONGREGACIÓN ASISTIR

10. a) ¿Quién debe decidir a qué congregación asistir? b) ¿Qué debe hacer antes de tomar una decisión?
10 Cuando “los residentes forasteros” viven lejos de otros Testigos que hablan su idioma, necesitan relacionarse con una congregación donde se habla el idioma local (Sal. 146:9). Pero, si hay cerca una congregación donde se habla su idioma materno, la pregunta es cuál de las dos es mejor para la familia. El padre, como cabeza, debe tomar una decisión después de meditar, orar y consultar con su esposa e hijos (1 Cor. 11:3). ¿Qué factores y principios debe tener en cuenta? Analicemos algunos.
11, 12. a) ¿Cómo influye el idioma en lo que aprenden los niños en las reuniones? b) ¿Por qué no quieren aprender algunos niños el idioma de sus padres?
11 Los padres deben evaluar con realismo las necesidades de sus hijos. Por supuesto, estos necesitan más que las pocas horas de educación espiritual que reciben en las reuniones cada semana para entender bien la verdad, sin importar qué idioma hablen. Pero los padres deben tener en cuenta lo siguiente: cuando los niños asisten a las reuniones en el idioma que entienden mejor, pueden asimilar algo de la enseñanza simplemente estando presentes y hasta aprender más de lo que sus padres creen. No ocurre lo mismo si no entienden bien lo que se dice (lea 1 Corintios 14:9, 11). Y el idioma materno de un niño no siempre será el de su mente o el de su corazón. De hecho, algunos niños aprenden a hacer comentarios y asignaciones en el idioma de sus padres sin que las palabras les salgan en realidad del corazón.
12 Además, al corazón del niño no solo le influye el idioma. Así le ocurrió a Joshua, citado al principio. Esther, su hermana mayor, dice: “Para los niños, el idioma, la cultura y la religión de sus padres son inseparables”. Si un hijo no se identifica con la cultura de sus padres, es posible que no quiera aprender ni su idioma ni su fe. ¿Qué pueden hacer los padres?

(1 Corintios 14:9) Así mismo ustedes también, a menos que por la lengua profieran habla fácil de entender, ¿cómo se sabrá lo que se está hablando? En efecto, estarán hablando al aire.


(1 Corintios 14:11) Por eso, si yo no entiendo la fuerza del sonido del habla, seré extranjero al que está hablando, y el que está hablando será extranjero para mí.


13, 14. a) ¿Por qué se cambió de congregación una familia de inmigrantes? b) ¿Qué hizo el matrimonio para seguir fuerte espiritualmente?
13 Los padres cristianos anteponen el bienestar espiritual de sus hijos a las preferencias personales (1 Cor. 10:24). Samuel, el padre de Joshua y Esther, relata: “Mi esposa y yo nos fijamos en qué idioma se desarrollaban mejor espiritualmente nuestros hijos y le pedimos a Jehová sabiduría. La respuesta no fue la que más nos convenía a nosotros. Pero, cuando vimos que no sacaban mucho provecho de las reuniones en nuestro idioma, decidimos cambiar de congregación. Íbamos juntos a las reuniones y solíamos predicar con ellos. Además, invitábamos a los hermanos a comer y a ir de excursión. Todo esto contribuyó a que nuestros hijos conocieran mejor a los hermanos y vieran a Jehová no solo como su Dios, sino como su Padre y Amigo. Nos parecía que eso era mucho más importante que el que dominaran nuestro idioma”.
14 Samuel sigue diciendo: “Mi esposa y yo también íbamos a las reuniones en nuestro idioma para mantenernos fuertes espiritualmente. Teníamos muchas cosas que hacer y estábamos cansados. Pero Jehová bendijo nuestros esfuerzos y sacrificios, por lo que le damos las gracias. Nuestros tres hijos le sirven a tiempo completo”.

QUÉ PUEDEN HACER LOS HIJOS

15. ¿Por qué pensó Kristina que progresaría más en una congregación donde se hablaba el idioma del país?
15 Los hijos que ya son adultos tal vez se den cuenta de que servirían mejor a Jehová en una congregación donde se habla el idioma que ellos entienden mejor. Si eso ocurre, los padres no deben pensar que sus hijos los están rechazando a ellos. Kristina recuerda: “Entendía más o menos el idioma de mis padres, pero me costaba mucho comprender lo que se decía en las reuniones. A los 12 años, asistí a una asamblea en el idioma de la escuela. Por primera vez me di cuenta de que estaba escuchando la verdad. Otro momento decisivo fue cuando empecé a orar en el idioma que hablaba en la escuela. ¡Por fin me dirigía a Jehová desde el corazón!” (Hech. 2:11, 41). Cuando llegó a la edad adulta, habló del tema con sus padres y decidió irse a una congregación donde se hablaba el idioma del país. Recuerda: “Aprender de Jehová en el idioma de la escuela me motivó a actuar”. Poco después, era una feliz precursora regular.
16. ¿Por qué se alegra Nadia de haberse quedado en la congregación extranjera?
16 Joven, ¿preferirías estar en una congregación que habla el idioma del país? Si es así, pregúntate por qué. ¿Te ayudará el cambio a tener una amistad más estrecha con Jehová? (Sant. 4:8). ¿O quieres cambiarte porque esperas tener menos supervisión y esforzarte menos? Nadia, que sirve en Betel, dice: “Cuando mis hermanas, mi hermano y yo éramos adolescentes, quisimos cambiarnos a la congregación del idioma local”. Pero sus padres sabían que eso no sería lo mejor para su salud espiritual. Nadia reconoce: “Ahora les agradecemos que se esforzaran tanto por enseñarnos su idioma y que nos hicieran quedarnos en la congregación extranjera. Eso enriqueció nuestra vida y nos dio más oportunidades de ayudar a otras personas a conocer a Jehová”.

CÓMO PUEDEN AYUDAR LOS DEMÁS

17. a) ¿A quién ha encargado Jehová la educación de los hijos? b) ¿Cómo pueden recibir los padres ayuda para enseñar la verdad a sus hijos?
17 Jehová les ha dado a los padres, no a los abuelos ni a nadie más, el privilegio de enseñarles la verdad a sus hijos (lea Proverbios 1:8;31:10, 27, 28). No obstante, es posible que los padres que no conocen el idioma del país necesiten ayuda para llegar al corazón de los niños. Buscar este tipo de ayuda no significa renunciar a su responsabilidad espiritual; al contrario, forma parte de su esfuerzo por criarlos “en la disciplina y regulación mental de Jehová” (Efes. 6:4). Por ejemplo, pueden pedirles a los ancianos que les den ideas para la adoración en familia y sugerencias sobre cómo encontrar buenas amistades para sus hijos.

(Proverbios 1:8) Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la ley de tu madre.

(Proverbios 31:10) Una esposa capaz, ¿quién la puede hallar? Su valor es mucho más que el de los corales.


(Proverbios 31:27, 28) Vigila cómo marchan los asuntos de su casa, y el pan de la pereza no come. 28 Sus hijos se han levantado y han procedido a pronunciarla feliz; su dueño [se levanta], y la alaba.

¿QUÉ RESPONDERÍA?
  • ¿Qué buen ejemplo pueden dar los padres a sus hijos?
  • ¿Qué deben tomar en cuenta los padres antes de decidir a qué congregación asistirá la familia?
  • ¿Qué ayuda pueden dar otros cristianos a los inmigrantes y a sus hijos?
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Adora a Dios en tu juventud

1. Joven, tú eres de inmenso valor,
un gran tesoro a los ojos de Dios.
Padres, familia, y amigos también,
son prueba de cuánto te quiere Él.
2. Honra a tus padres, que cuidan de ti;
trátalos bien, no los hagas sufrir.
Oye la voz de tu sabio Creador,
te librarás de pesar y dolor.
3. De Dios acuérdate en tu juventud,
sigue creciendo en amor y virtud.
Tu devoción a Jehová alegrará,
y él bendiciones sin fin te dará.

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lunes, 3 de julio de 2017

SEMANA DEL 3 AL 9 DE JULIO 2017

Domingo 9 



Ayudemos a “los residentes forasteros” a servir felices a Jehová
“Jehová está guardando a los residentes forasteros” (SAL. 146:9).
 
  “Quiero”  (84)
1, 2. a) ¿Qué penalidades sufren algunos hermanos? b) ¿Qué preguntas se plantean?
“CUANDO estalló la guerra civil en Burundi, mi familia y yo estábamos en una asamblea —cuenta un hermano llamado Lije—. Veíamos a la gente correr, disparar... Mis padres, mis 10 hermanos y yo escapamos solo con lo puesto. Parte de mi familia consiguió llegar hasta un campo de refugiados de Malaui, a 1.600 kilómetros (1.000 millas). Los demás acabamos en lugares diferentes”.
La cantidad de personas que han huido de su hogar por culpa de la guerra o porque son perseguidas asciende en todo el mundo a más de 65 millones, la cifra más alta jamás registrada.* Miles son testigos de Jehová. Muchos de ellos han perdido a seres queridos y casi todas sus pertenencias. ¿A qué otras circunstancias difíciles se enfrentan? ¿Cómo podemos ayudar a estos hermanos para que “sirvan a Jehová con regocijo” a pesar de todo? (Sal. 100:2). Y ¿qué debemos recordar cuando predicamos las buenas nuevas a los refugiados que no conocen a Jehová?

LA VIDA DE UN REFUGIADO

3. ¿Por qué llegaron a ser refugiados Jesús y muchos de sus discípulos?
Cuando Jesús era niño, él y sus padres vivieron como refugiados en Egipto después de que el ángel de Jehová le advirtió a José que el rey Herodes quería matar a Jesús. Permanecieron allí hasta la muerte del rey (Mat. 2:13, 14, 19-21). Décadas más tarde, los primeros discípulos de Jesús “fueron esparcidos por las regiones de Judea y de Samaria” por culpa de la persecución (Hech. 8:1). Jesús había predicho que muchos de sus seguidores se verían obligados a escapar de sus hogares. Dijo: “Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra” (Mat. 10:23). Huir de un lugar, sea cual sea el motivo, no es cosa fácil.
4, 5. ¿A qué peligros se enfrentan los refugiados en a) su huida? b) los campos?
Los que se ven obligados a huir encuentran peligros en el camino o en el campo de refugiados. Gad, un hermano menor de Lije, recuerda: “Yo tenía 12 años. Caminamos durante semanas y vimos cientos de cadáveres. Tenía los pies tan hinchados que le dije a mi familia que continuara sin mí. Pero papá no estaba dispuesto a dejarme en manos de los rebeldes, así que me ayudó. A veces, lo único que comíamos era los mangos que encontrábamos por el camino. Orar y confiar en Jehová nos ayudó a sobrevivir cada día” (Filip. 4:12, 13).
La mayor parte de la familia de Lije pasó años en los campos de refugiados de las Naciones Unidas. Pero allí no estaban a salvo. Lije, ahora superintendente de circuito, cuenta: “Casi nadie tenía trabajo, así que se dedicaban a contar chismes, beber, apostar y robar, y eran inmorales”. Para contrarrestar estas malas influencias, los Testigos tenían que estar muy ocupados con las actividades de la congregación (Heb. 6:11, 12; 10:24, 25). Usaban bien su tiempo, muchos sirviendo de precursores, a fin de conservar la salud espiritual. Recordaban que, igual que los israelitas habían salido del desierto, ellos algún día saldrían del campo. Eso los ayudaba a tener una actitud positiva (2 Cor. 4:18).

MOSTREMOS CARIÑO A LOS REFUGIADOS

6, 7. a) Cuando vemos a nuestros hermanos pasar necesidad, ¿qué nos obliga a hacer “el amor de Dios”? b) Dé un ejemplo.
“El amor de Dios” nos obliga a amarnos unos a otros, sobre todo en situaciones desesperadas (lea 1 Juan 3:17, 18). Cuando el hambre amenazó a los cristianos de Judea del siglo primero, la congregación organizó el envío de ayuda (Hech. 11:28, 29). Los apóstoles Pablo y Pedro también animaron a los discípulos a ser hospitalarios (Rom. 12:13; 1 Ped. 4:9). Si los cristianos deben recibir bien a los hermanos que los visitan, cuánto más a los que están en peligro de muerte o son perseguidos por su fe (lea Proverbios 3:27).*
(1 Juan 3:17, 18) Pero cualquiera que tiene los medios de este mundo para el sostén de la vida, y contempla a su hermano pasar necesidad, y sin embargo le cierra la puerta de sus tiernas compasiones, ¿de qué manera permanece el amor de Dios en él? 18 Hijitos, no amemos de palabra ni con la lengua, sino en hecho y verdad.
(Proverbios 3:27) No retengas el bien de aquellos a quienes se les debe, cuando sucede que está en el poder de tu mano hacer[lo].
Nota: Vea el artículo “No olvidemos mostrar bondad a los extranjeros”, de La Atalaya de octubre de 2016, páginas 8 a 12.

Hace poco, miles de testigos de Jehová —hombres, mujeres y niños— tuvieron que huir de la guerra y la persecución en el este de Ucrania. Desgraciadamente, algunos fueron asesinados. Pero a la mayoría los acogieron sus hermanos de otros lugares de Ucrania, y a muchos otros los alojaron Testigos de Rusia. En los dos países, se mantienen neutrales en política, pues “no son parte del mundo”, y siguen “declarando las buenas nuevas de la palabra” (Juan 15:19; Hech. 8:4).

AYUDEMOS A LOS REFUGIADOS A FORTALECER SU FE

8, 9. a) ¿A qué problemas se pueden enfrentar los refugiados en un nuevo país? b) ¿Por qué necesitan que los ayudemos con paciencia?
Algunas personas tienen que huir a otro lugar dentro de su país, pero muchas otras se ven forzadas a escapar fuera de él y vivir en un entorno totalmente desconocido. Es posible que los gobiernos les den alimentos, ropa y un techo, pero puede que no la comida a la que están acostumbrados. Los refugiados de países cálidos tal vez sientan por primera vez el frío y no sepan qué ropa ponerse. Si proceden de zonas rurales, quizá no sepan cómo funcionan los electrodomésticos modernos.
Algunos gobiernos tienen programas para ayudar a los refugiados a adaptarse a sus nuevas circunstancias. Pero quizá esperen que en pocos meses sean capaces de valerse por sí mismos. La transición puede ser muy difícil. Piense en lo que significa tratar de aprender un idioma y al mismo tiempo adaptarse a leyes nuevas y a las costumbres locales sobre modales, puntualidad, pago de impuestos y servicios, educación escolar y forma de disciplinar a los niños. ¿Podríamos ayudar con paciencia y respeto a los hermanos que estén en esa situación? (Filip. 2:3, 4).
10. ¿De qué manera podemos fortalecer la fe de los refugiados? (Vea la foto del principio).
10 Además, en ocasiones las autoridades dificultan que los Testigos refugiados se pongan en contacto con la congregación. Algunos organismos los han amenazado con quitarles las ayudas o negarles asilo si rechazan un trabajo que los obligaría a perderse las reuniones. Hay hermanos que han cedido a esas presiones porque estaban asustados y se sentían indefensos. Por lo tanto, es urgente contactar con ellos tan pronto lleguen al país. Necesitan sentir que nos preocupamos por ellos. Mostrarles compasión y darles ayuda fortalecerá su fe (Prov. 12:25; 17:17).

MANERAS DE AYUDAR A LOS REFUGIADOS

11. a) ¿Qué necesitan los refugiados al principio? b) ¿Cómo pueden demostrar su gratitud?
11 Al principio, quizá tengamos que darles a los hermanos algo de ropa y comida o ayudarlos a cubrir otras necesidades básicas.* Incluso algo tan sencillo como regalar una corbata es muy importante. Los refugiados que son agradecidos y no exigen nada contribuyen a que los hermanos les den con alegría. Es cierto que depender mucho tiempo de la generosidad de los demás puede dañar su amor propio y su relación con los demás hermanos, pero lo que sí está claro es que necesitan ayuda (2 Tes. 3:7-10).

¿Cómo podemos ayudar a los hermanos que son refugiados? 
(Vea los párrafos 11 a 13).
12, 13. a) ¿Qué ayuda práctica podemos dar a los refugiados? b) Dé un ejemplo.
12 Para ayudar a los refugiados, no hace falta mucho dinero, sino tiempo e interés. Podemos hacer algo tan sencillo como enseñarles a usar el transporte público, a comprar comida saludable a buen precio o a conseguir, por ejemplo, una máquina de coser o una cortadora de césped para ganar algo de dinero. Lo más importante es que los ayudemos a integrarse completamente en la congregación. Si es posible, ofrezcámonos a llevarlos a las reuniones. Salgamos a predicar con ellos y digámosles cómo hablarles del Reino de Dios a las personas del territorio.
13 Cuando cuatro refugiados adolescentes llegaron a una congregación, varios ancianos les enseñaron a conducir un automóvil, mecanografiar, hacer un currículum y preparar un horario que les permitiera servir a Jehová de lleno (Gál. 6:10). Al poco tiempo, se hicieron precursores. Gracias a esta buena orientación y a su propio esfuerzo, no se los tragó el sistema de cosas de Satanás, sino que progresaron espiritualmente.
14. a) ¿Qué tentación tienen que resistir los refugiados? b) Dé un ejemplo.
14 Igual que los demás cristianos, los refugiados deben resistir la tentación y las presiones para conseguir ventajas materiales a costa de poner en peligro su amistad con Jehová.* Lije, de quien hablamos antes, y sus hermanos recuerdan las lecciones sobre confiar en Jehová que les dio su padre mientras huían. Contó: “Una a una, fue tirando las cosas que no eran esenciales. Finalmente, nos mostró la bolsa vacía y dijo con una sonrisa: ‘¿Lo ven? No necesitamos ninguna de esas cosas’” (lea 1 Timoteo 6:8).
(1 Timoteo 6:8) Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas.
ATENDAMOS LAS NECESIDADES MÁS IMPORTANTES DE LOS REFUGIADOS

15, 16. ¿Cómo podemos ayudar a los refugiados a) en sentido espiritual? b) en sentido emocional?
15 Los refugiados necesitan apoyo espiritual y emocional más que ayuda material (Mat. 4:4). Los ancianos pueden conseguirles publicaciones en su idioma y ponerlos en contacto con hermanos que lo hablen. Muchos refugiados han sido arrancados de amplios círculos familiares con vínculos fuertes, de comunidades y congregaciones muy unidas. Necesitan que los hermanos les transmitan el amor y la compasión que Jehová siente por ellos. Si no, quizá se vayan con sus parientes o con personas de su país que no son Testigos, pero con los que comparten cultura y experiencias (1 Cor. 15:33). Si logramos que se sientan parte integral de la congregación, tendremos el honor de colaborar con Jehová “guardando a los residentes forasteros” (Sal. 146:9).
16 Es posible que los refugiados no puedan volver a su país mientras continúen en el poder los gobernantes que los oprimían, como les ocurrió a Jesús y su familia. Además, como dice Lije, “muchos padres que vieron la violación y el asesinato de miembros de su familia no soportan la idea de llevar a sus hijos a los lugares donde ocurrieron esas tragedias”. Los hermanos del país de acogida pueden ayudarlos a superar esos traumas mostrando empatía, cariño fraternal, tierna compasión y humildad (1 Ped. 3:8). Algunos refugiados son retraídos por causa de la persecución y tal vez se avergüencen de hablar de lo que sufrieron, sobre todo en presencia de sus hijos. Preguntémonos: “¿Cómo me gustaría que me trataran si estuviera en su lugar?” (Mat. 7:12).

CÓMO PREDICAR A LOS REFUGIADOS

17. ¿Qué encuentran muchos refugiados gracias a la predicación?
17 Gran cantidad de refugiados proceden de países donde no se puede predicar libremente. Miles escuchan “la palabra del reino” por primera vez gracias a Testigos entusiastas del país al que han huido (Mat. 13:19, 23). Muchos de los que “están cargados” encuentran alivio espiritual en las reuniones y enseguida reconocen que Dios está con nosotros (Mat. 11:28-30; 1 Cor. 14:25).
18, 19. ¿Cómo demostramos cautela al predicar a los refugiados?
18 Si predican a los refugiados, sean “cautelosos” y también perspicaces (Mat. 10:16;Prov. 22:3). Sigan las instrucciones de la sucursal y de las autoridades. No corran riesgos ni pongan en peligro a nadie. Escuchen con paciencia las preocupaciones de los refugiados, pero no hablen de política; averigüen qué aspectos de su cultura y religión son delicados, y sean respetuosos. Por ejemplo, en algunos países hay opiniones muy fuertes sobre cómo debe vestir una mujer. Por ello, en la predicación, las hermanas se vestirán de forma que no ofendan innecesariamente a los refugiados.
19 Como el buen samaritano de la parábola de Jesús, deseamos ayudar a los que sufren, incluidos los que no son Testigos (Luc. 10:33-37). La mejor manera de hacerlo es predicando. Un anciano que ha ayudado a muchos refugiados aconseja: “Es importante dejar claro enseguida que somos testigos de Jehová y que los visitamos principalmente para darles ayuda espiritual, no material. Si no, algunos estarán con nosotros solo por interés”.

AYUDAR PRODUCE BUENOS RESULTADOS

20, 21. a) ¿Qué buenos resultados da mostrar amor cristiano a los refugiados? b) ¿Qué veremos en el próximo artículo?
20 Mostrar amor cristiano a “los residentes forasteros” da buenos resultados. Una hermana cuenta que su familia huyó de la persecución de Eritrea. Cuatro de sus hijos viajaron durante ocho agotadores días por el desierto, y llegaron a Sudán. Ella relata: “Los hermanos los trataron como si fueran de la familia, les dieron comida, ropa, un techo y ayuda para el transporte. ¿Quién más recibiría a unos extraños en su hogar simplemente porque adoran al mismo Dios? Solo los testigos de Jehová” (lea Juan 13:35).
(Juan 13:35) En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”.
21 ¿Cómo podemos ayudar a servir felices a Jehová a los muchos niños que llegan con sus padres, tanto refugiados como otros inmigrantes? Lo veremos en el próximo artículo.
¿QUÉ RESPONDERÍA?
  • ¿Qué penalidades han sufrido muchos refugiados?
  • ¿Qué podemos hacer para atender las necesidades más importantes de los refugiados?
  • ¿Qué debemos tener presente cuando les prediquemos a los refugiados?





Amémonos de todo corazón


1. Al hermano debes amar
de forma intensa y cordial,
sin egoísmo o mezquindad,
de todo corazón.
Su dolor aprende a sentir,
su alegría a compartir;
a cambio habrás de recibir
la aprobación de Dios.
El amor no debe ser
mucho desear y poco hacer.
Se demuestra obrando el bien,
dando siempre lo mejor.
Trata con respeto y honor
a niño, joven y mayor.
Muestra a tu hermano comprensión;
no te fijes en su error,
pues también es pecador.
2. El amor sincero y veraz
sabe pasar por alto el mal,
busca lo bueno en los demás,
es noble, puro y fiel.
Gran tesoro es la amistad
del que le sirve a Jehová,
del que no sabe de maldad
y a todos hace el bien.
El que habla sin pensar
hiere como el filo de un puñal,
mas debemos perdonar
sin guardar ningún rencor.
Nuestros lazos de amistad,
a diario hemos de estrechar
con actos llenos de bondad,
imitando el gran amor
que nos tiene nuestro Dios.

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